Como todos sabemos, la historia del mundo se remonta a más de cuatro mil millones de años, y en todo ese tiempo muchos seres habitaron distintas eras y/o períodos… Se debe mencionar que cuando hablamos de <<seres>> no nos referimos únicamente al humano.

Cada periodo en la historia del globo terráqueo tiene características que los hacen diferentes de los demás, por ejemplo: Se sabe que en el periodo Paleozoico los primeros seres vivos habitaban en las profundidades marinas, sabemos que en el Devónico los animales salieron de los mares, en el Pérmico se formó el continente llamado Pangea, el Jurásico fue destacado por la mayoría de seres que vivieron hasta el Mesozoico, como los dinosaurios;  y en el Cuaternario aparece lo que conocemos como <<Humano>>, que ha ido evolucionando hasta lo que es en la actualidad. 

Ahora ¿Cómo es que conocemos una gran parte del pasado de nuestro mundo si no estuvimos ahí para presenciarlo todo? Si queremos responder dicha interrogante habría que mencionar miles de trabajos de investigación, e incluso haciendo eso surgirían otras dudas como: ¿Qué obtuvieron los autores de dichos trabajos para llegar a una hipótesis? o ¿Cuáles fueron sus pruebas o evidencias?; Es aquí donde juegan su papel descubrimientos como los jeroglíficos egipcios, las runas celtas, los fósiles de dinosaurios, la arquitectura antigua, obras artísticas, objetos de valor en lugares que hoy no son habitados, etc.  

La verdad es que la manera en la que se recolecta información puede ser muy variada, y si no lo creen los exhorto a que le pregunten a cualquier antropólogo, pero es cierto que hay muchos objetos que han resistido muy bien el pesado paso del tiempo y se han mantenido en muy buenas condiciones a pesar de todo lo que ha podido recaer sobre ellos. Tenemos muchos ejemplos que lo demuestran: Las pirámides egipcias y las mayas, la ciudad de Machupichu, algunas armas que describen batallas pasadas, la Venus de Willendorf, la Gioconda de Da Vinci, libros como la Biblia y, la protagonista de este artículo, La Dama de Elche. 

La dama de Elche es una escultura tallada en piedra caliza que fue hallada en La Alcudia, Elche, por Manuel Campello, un niño de catorce años que se encontraba realizando trabajos agrícolas en esos días de agosto del 1897. Al desenterrarla, el muchacho pudo contemplar que se trataba de una escultura de busto con el rostro de una mujer mostrando facciones y detalles casi perfectos, ya que en la parte superior de la cabeza lleva una diadema junto con un tocado cubierto por un velo, y en los laterales, dos rodetes que enmarcaban el rostro y que servían para recoger la forma de su peinado. 

Diversos estudios demostraron que esta escultura pertenece a la cultura ibérica de los siglos V-VI a.C. Lo cual explicaría lo importante que es la escultura a nivel arqueológico, pues se encuentra en un estado muy bueno a pesar de todo el tiempo que ha pasado sobre ella. 

Han pasado más de ciento veinte años desde su hallazgo y nadie ha logrado desvelar los secretos que se ocultan tras la mirada de dicha dama, ni siquiera se sabe quién fue o qué representaba. ¿Habrá sido una reina? ¿Una sacerdotisa? ¿Una representación funeraria? ¿Alguna diosa?… Este es uno de los misterios del mundo cuyas respuestas son divertidas de pensar, porque puede ser lo que sea, aunque muchos han dicho que se trate de una dama funeraria común de la época. Pero esta peculiaridad de no saber nada de ella logró abrir un debate sobre su autenticidad, ya que dicha obra está en una condición excelente y parece una pieza totalmente nueva. No obstante, no se han encontrado indicios de su autenticidad como de su no autenticidad… Todo un misterio la verdad. 

El hallazgo de esta escultura fue tan sonado ese año que días después el arqueólogo y profesor Pierre Paris, de la Universidad de Burdeos, llegó a Elche donde logró observarla y tomarle una fotografía, fotografía que envió al Museo del Louvre en París. Posteriormente, recibió un telegrama de dicho museo como respuesta donde se le pedía que ofreciera entre mil y cuatro mil francos por la escultura. El precio final fue de cuatro mil francos y la obra fue embarcada con destino a Marsella en agosto de 1897; Sin embargo, no se quedó allá. 

Esta legó a ser una sensación en Francia y en el Museo del Louvre fue presentada por primera vez como una escultura española con influencias orientales, también fue aquí donde la bautizaron con el nombre de <<La dama de Elche>> en alusión a su lugar de origen. 

La escultura volvió a su madre patria a mediados del siglo XX, pero no sin haber obtenido varias negaciones antaño. Fue en septiembre de 1940, después de la guerra civil española, cuando el ministro de Asuntos Exteriores español, Ramón Serrano Suñer, tuvo contacto con algunos directores de museos franceses para recobrar varias obras de arte españolas, en las que se encontraba La Dama. En noviembre del mismo año el Consejo de Ministros francés autorizó al director general de Bellas Artes para que continuase con las gestiones de manera oficial y se diera un respectivo intercambio. La dama regresó a España en enero del 1941 y fue llevada al Museo del Prado en Madrid, donde permaneció hasta 1971 cuando fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional en la misma ciudad.

Como último dato a destacar, la obra fue valorada en el año 2006 con un valor de quince millones de euros mientras presidía la inauguración del Museo Arqueológico y de Historia de Elche (MAHE), donde estuvo un total de seis meses antes de volver a Madrid, ciudad donde reside actualmente. 

Vaya historia ¿No lo creen? 

Estas son las típicas historias que te hacen reflexionar y pensar que el mundo tiene historia previa a nuestro nacimiento, y que la seguirá teniendo durante y después de que nuestro tiempo se acabe.

La dama de Elche seguramente formó parte de algo o quizás le perteneció a alguien importante, y fue descubierta gracias a una casualidad, por una persona que seguramente nunca espero encontrar algo tan valioso al despertar ese día, un simple muchacho que estaba trabajando o jugando en el campo… No sé vosotros, pero esto me recuerda mucho al Señor de los anillos. 

Dejaré en sus manos la decisión sobre si este descubrimiento fue una mera casualidad o cosas del destino, pero yo siempre he opinado que las coincidencias no existen, salvo la ilusión de una y que todo sucede por algo, pues muchas cosas han dejado ver que este mundo no juega por azar ni actúa por casualidad.

Para concluir, solo diré que debemos prestar atención a los sitios a donde vamos, pues nunca sabemos cuando pueda aparecer un tesoro. Es más, quizás cada vez que salimos a la calle caminamos sobre uno y no lo sabemos…Pero bueno ¿Qué sería de este mundo sin sus secretos? Puede que el misterio sea uno de los motivos por el cual existimos.

Juzguen vosotros.

¡Hasta pronto!

Por JR.